"Creo que el mejor arreglo es la partición amigable de los bienes indivisos" dictaminó sesudamente don Pastor Hilarión, el escribano del pueblo, mientras los hermanos vascos lo escu- chaban respetuosamente.

"En consecuencia y conforme a derecho", prosiguió gra- vemente el notario, "se ha procedido a liquidar la chacra con todos los vacunos y yeguarizos, carros, máquinas y enseres, todo lo cual arroja un importe de doce mil pesos, que pongo sobre esta mesa en dinero contante y sonante, corriendo su distribución por cuenta exclusiva de las partes". "Es decir," agregó, mirando calmosamente por sobre sus anteojos a los vascos, "que ustedes tendrán que repartirse este dinero en forma equitativa, dado que los bienes en cuestión les pertenecían por partes iguales". Y luego, no sin decoro, dejó a sus clientes sentados frente a la mesa, donde el dinero formaba una parva de billetes; y se excusó, saliendo de la escribanía por la puerta que daba al patio de su propia casa, en busca de unos mates que a esta hora acostumbraba a tomar, bajo un tupido parral.-

"Mira, Mikel", dijo a su hermano el menor de los vas- cos, "tú eres el mayor, así que empieza a repartir".-

"Está bien, Josetxo", respondió el que parecía de mayor edad. Y luego de una pausa agregó: "Al haberte tú casado con la Agustina, el reparto necesario es, porque las cuentas claras y a cada cual lo suyo, como ha dicho don Pastor.-

Y sin más trámite ni conversación, Mikel -con esas ma- nos fuertes y largas de ordeñador- tomó un billete del medio de la mesa y lo puso hacia el lado de Josetxo. Luego tomó otro y lo colocó frente a su propio lugar. Así continuó en silencio, hasta que la parva de billetes comenzó a disminuir, formándose ahora dos parvas más pequeñas, cada una frente a los respectivos her- manos.-

De pronto Josetxo -que hasta ese momento escuchaba como fascinado el monótono "éste para tí, éste para mí", interrumpió la cuenta con una exclamación: "Arrayúa hermano, tú repartes mal. Cien para mí, cincuenta para tí; diez para mí, cinco para tí. Esto no está  bien, tú me estás dando más de lo que tú tomas!".-

  Sin inmutarse y continuando serio su tarea, dijo el mayor: "Sí Josetxo. Pero tú tienes familia, y yo no la tengo, bai bai"..

Pensó un momento el menor y la comprensión bajó sobre él, que dijo, ahora convencido: "Tienes razón, la cuenta así está  clara".-

Cuando volvió don Pastor Hilarión, su apacible mirada se posó sobre la mesa vacía y juzgando que la división ya estaba hecha en partes iguales, se despidió de los euskaldunes, que se retiraron en paz de la escribanía, donde se había practicado, sin saberlo el escribano, una partición a la manera vascona.-