LOS VASCOS EN EL OESTE BONAERENSE

Por Alberto E. Azcona

-Los "Relatos del Oeste Bonaerense", del mismo autor, publicados en el Boletín del Instituto Americano de Estudios Vascos.

1.- La inmigración vasca ya se perfilaba desde los principios del siglo XIX, pero es a partir del gobierno del General Urquiza que se acentúa una política mas favorable en ese sentido. Lo cierto es que la inmigración vasca, de acuerdo a la clasificación de Kingsley Davis en su obra "La sociedad Humana" (Buenos Aires, 1965, pg. 571), podría incluirse en el grupo denominado "Migración Individual Libre", que alcanza un enorme caudal a través de personas o familias que individualmente deciden trasladarse al país, generalmente orientados por parientes, amigos o conocidos. Terminada la segunda guerra carlista el 28 de febrero de 1876 cuando Carlos María Isidro cruza derrotado el puente de Arnegui, miles de vascos tomaron el rumbo de la Argentina, que se presentaba como una esperanza de paz, trabajo y libertad; y donde no ignoraban que muchas gentes de origen Vasco se confundían con los demás argentinos en un común aprecio por el elemento humano proveniente del Cantábrico y los Pirineos.

Los recién llegados trabajaron en los saladeros, penosísima tarea que exigía fortaleza y resistencia sin par. Fueron alambradores, tarea que antes del invento de las torniquetas exigía brazos de "palankari" para cargar el rollo de alambre y estirarlo a mano. También lecheros, en los alrededores de pueblos y ciudades, debiendo destacarse que el "esnesaltzallea" venía a la madrugada de los tambos, para entregar la "esneona" (la leche buena) en las casas de sus clientes, que solían dejarles las llaves de la casa, dado lo temprano de su visita (1).

2.- Don Leonidas de Vedia, cuyo linaje vasco comentaba en sus cartas con don Miguel de Unamuno, prologa la obra del insigne García Velloso ("Gernikako Arbola"), donde figuran unos versos, traducidos por el padre Txomin Jakakortejarena, en los siguientes términos; que conmueven las fibras de nuestra alma campesina:

                       "Zaldi maite
                        zaldi  kutun
                        Nere bizi
                        Neke lagun"

Caballo amigo, caballo entrañable, compañero de mi vida y mis desvelos (2).

3.- También los vascos fueron pulperos o pusieron "fondas" que algunas eran como bancos donde los éuskaros hacían sus transacciones y depositaban su dinero. Trabajaron las duras jornadas en los hornos de ladrillos, fueron curtidores, carreros, poceros, como aquel don Victor Lordi, que según cuenta Noel H. Sbarra, en La Pampa, zona de Chacharramendi y Victorica, perforaba pozos de hasta 1OO metros, calzados con espigas de caldén labradas a fuerza de hacha. Esto hacen pensar que don Victor no sería tampoco un mal "aizkolari" (3).

Mientras tanto, otros vascos los ayudaban a venir, como Don Pedro Luro, que les daba para trabajar ovejas al tercio; don Pedro Ordoqui, que hizo mas de 70 viajes a Europa, trayendo en cada viaje grupos de vascos, que se iban instalando entre Bolívar y Carlos Casares, donde actualmente un pueblo lleva su nombre; y Don Joshe Mari Aldasoro, que organizaba el viaje de los vascos con la ayuda de don Antonio Iraza (4).

Muchas historias de vascos inmigrantes desfilan por las páginas de aquella hermosa compilación que se llama "Los Baskos en la Nación Argentina", dirigida por don José R. de Uriarte, teniendo como denominador común, el esfuerzo, la tenacidad, la resistencia, la fortaleza física, la aptitud para las tareas rudas y para soportar la vida solitaria y sin comodidades del campo de aquellas épocas.

Como muestra, la vida de don Francisco Lizaso: Nacido en Berrobi, Guipúzcoa, llega al país en 1874, a los 15 de edad. Su primer trabajo fue de boyero, en unos hornos de ladrillos de Villa Luján. Pasa a las Islas de San Fernando, sobre el arro- yo Carabelas, zona donde muchos vascos siguen establecidos hasta la actualidad. A continuación, se coloca como ordeñador en un tambo de Ramos Mejía y a poco asciende a lechero en ese pueblo. Buscando mejores horizontes se coloca de repartidor en la panadería de Ibarra, entre Ramos Mejía y Morón. En 1878 se traslada al comercio de Ortiz y Mendiguren, primero como peón de patio y después como carrero. Aquí adquiere conocimientos comerciales y se convierte en acopiador de cereales y frutos, en la misma firma, que pasa a denominarse "Mendiguren y Lizaso". Por fin, compra varias leguas de campo en Saladillo y Tapalqué.

Como la de Lizaso, hay miles de vidas paralelas en el campo bonaerense. Y siempre conservando las virtudes ancestrales de su raza, el juicio recto y certero, el camino derecho.

4.- Mucho antes de que se dictara la Carta Magna en Inglaterra, que lo fue en 1215, arrancándose a Juan Sin Tierra preciosas libertades y garantías que algunos de los barones ingleses habían visto practicar a los vascos, ya diversos fueros particulares de los vascones, como el Ronkalense y el de Estella recogían del derecho consuetudinario vasco instituciones que declaraban nobles a todos los habitantes y moradores, hombres y mujeres, siendo libres de servidumbres, al mando cada uno en su casa, "etchecojaun", y libres de testar como creyeran conveniente; privilegios que eran para todos y no solamente para algunos.

Es por eso que los inmigrantes vascos trajeron consigo principios ancestrales, que los llevaban -como dice mi amigo Andrés de Irujo en "Los Vascos y las Cruzadas"- "a participar con voluntad y plena conciencia, en cuantos problemas afecten a su dogma fundamental de vida".

El Dr. Tomás Otaegui, argentino, hijo de vascos, nacido en Pergamino el 1 de agosto de 187O, dice que el vasco aporta a la nacionalidad argentina la integridad de su carácter, la honradez, el tesón, la rectitud, profunda convicción en sus ideas y un espíritu de independencia; "todo lo cual le ha permitido sembrar la República de múltiples y nobles hogares" (5).

No conocieron el feudalismo y dieron preponderante lugar a la mujer vasca. Fueron individualistas, sin restar su cooperación a la solidaridad social en que se desenvolvieron (6).

Todo ello influyó en la formación de nuestra nacionalidad, sin desconocer otras influencias rectoras en nuestra formación, ni el aporte de otras naciones y pueblos que forjan la grandeza del país.

Y en relación con el lugar de la mujer entre los vascos el escritor y poeta Ohienart, trae un "atsotizak", un viejo dicho:

               "Emakume ederra, begien pozkarri
                    (Mujer hermosa, contento a los ojos),
                Emakume ona, biotzaren alaigarri".
                    (Mujer buena, alegría del corazón).

5.- La partida de los emigrantes vascos hacia América y los sentimientos que embargarían a los que se quedaban y a quienes se iban, fue cantada por los bertsolaris, entre otros Etchahun y Pello Mari Otaño, el poeta vasco que vivió y fundó una querida y prestigiosa familia en Pehuajó, donde su hija María Teresa Otaño de Mouján, culta educadora de imborrable recuerdo, nos ha recitado los versos del padre, traducidos del euskera por ella misma.

Al salir del caserío rumbo a las pampas, cantó a su tío José Bernardo, también bertsolari, y a sus parientes, amigos y compañeros:

      "Agur, nere osaba                (Adiós mi tío
      ta nere aidiak                       (y mis parientes
      Berritz etorzen ba _ naiz        (si de nuevo yo vuelvo
      ez itxi atiak"                       (no me cerréis las puertas

Y no se las cerraron , pues al regresar a Zizurkil, en Guipúzcoa, su tío lo esperaba en la puerta, y entre ambos se cambiaron versos que son famosos y que en otra oportunidad explicaremos.

El que más impresiona en relación con el tema del emigrante es el titulado:



                       A G U R
                              (Adiós, ahora dos años
   Agur, orain bi urte        (Ellos me decían
   Esan ziruziten             (Adiós cantando
   Agur Kantaridiya           (Responder yo debía
   Erantzun nizuten           (Adiós a ellos no podía expresar
   Agur aek ezditut           (La congoja de mi corazón
   biotzetik uzten            (Ay! Si hubieran podido
   Ai! bazaeundete zulo       (Escudriñar
   batetik ikusten            (Cómo mi alma
   Nere animak nola           (Decíales Adiós) (7).

En aquel entrañable pueblo del Oeste bonaerense, llamado Mones Cazón, en el partido de Pehuajo, brotaron también los versos en limpia lengua euskera del poeta laureado, Padre Txomin Jakakortejarena, ejemplo admirable de las más puras virtudes vascas y humanas, que rindió a la Argentina el más excelso de sus homenajes, y en ellos lo acompañaron todos los vascos, al traducir el Martín Fierro de don José Hernández, al idioma de los euskeldunes, bajo el título de "Matxin Burdin".

6.- Existe un cierto paralelismo incluso cronológico entre la conquista del Oeste argentino y la del Oeste de los Estados Unidos, y asimismo, en ambos hemisferios jugó su papel la influencia de los vascos. El estudioso y verdadero "scholar" Mr. William A. Douglass, en su trabajo titulado "Los Vascos del Oeste Americano: Perspectiva Histórica Preliminar" (8), sostiene que en aquel país los vascos se destacaron como pastores de ovejas: 1) Porque tenían una base de experiencia en el pastoreo ; 2) Por su aptitud para sobrellevar las privaciones psicológicas del aislamiento casi total; 3) Por su "indarra" o fortaleza física y moral. Coincide con Douglass el padre Gachiteguy, en el importante papel de los vascos como pastores, principalmente, en los Estados Unidos (9).

Muy distinto en naturaleza y amplitud, sin embargo, es el papel de los vascos en la Argentina.

A diferencia de lo que ocurrió en Estados Unidos, el aporte vasco comienza desde el momento en que España realiza el descubrimiento de América y la Conquista del Río de la Plata: co- menzando por el primer fundador de Buenos Aires, Don Pedro de Mendoza, y el fundador definitivo, Don Juan de Garay, ambos de origen vasco. Su presencia a través de toda nuestra historia tiene tal magnitud, que viene a combinarse y confundirse con otros aportes no menos importantes, para constituir la esencia de nuestra propia nacionalidad, desde los albores de la emancipación y la independencia.

Sobre ese contexto de la nacionalidad en formación, vinieron a esparcirse -"eman ta zabalzazu"- como en un terreno fértil y generoso, nuevos contingentes inmigratorios, cuyo caudal se acrecienta, como destaca coincidentemente Douglass para la Gran Cuenca del Oeste norteamericano, en el segundo tercio del siglo XIX.

Respecto de nuestro país, la inmigración vasca presenta otras características, porque aquí operan recíprocamente, en am- bos extremos de la corriente inmigratoria, las crisis históricas que se resuelven para esa época.

En primer lugar, la organización nacional, que se concreta a partir de 1862 con las presidencias históricas de Mitre, Sarmiento y Avellaneda, poniendo termino a la lucha entre Buenos Aires y la Confederación.

Por otra parte, el cauce para la inmigración masivas que abrió la campaña al desierto de Albina; empresa que logra alcance nacional y definitivo con el General Roca.

Y por fin , coincidió esta etapa con la terminación de la segunda guerra carlista en España, en el año 1876.

7.- En lo que se refiere especialmente a la colonización del Oeste bonaerense, se suman otros factores que explican la sobresaliente actuación de los vascos en toda la gama de las tareas rurales. Al ser sustituidos por los frigoríficos los antiguos saladeros (1O), cuya mano de obra preponderantemente la aportaban los vascos, estos se volcaron a otros menesteres, que exigían la fortaleza física y aptitud para una vida, no ya solitaria, sino privada de todas las comodidades, a campo abierto, como alambradores (11); al ritmo de las nuevas mensuras y subdivisiones de las propiedades rurales, a medida que avanzaba la colonización del desierto.

La necesidad de mano de obra para trabajar las enormes majadas de ovejas, mediante el sistema del tercio, permitió que numerosos vascos pudieran hacerse de sus propias majadas y luego arrendar hasta por fin adquirir los campos necesarios. Este sistema, seguramente se extendió a la invernada y cría de vacunos. Los vascos accedieron también a la propiedad rural, alambrando grandes extensiones y plantando montes, a cambio de un pedazo de campo. Los carreros, por su parte, fleteros que se internaban en lo profundo del Oeste, conocían los buenos pastoreos, las aguadas y los mejores campos, que no tardaban en adquirir en cuanto podían.

A las notas tipificantes que con acierto describe Douglass, consideramos justo agregar, como explicación de esta aptitud de los vascos para las tareas del campo, un rasgo psicológico que hace a la estructura de valores de los hijos del Pirineo: el valor moral del hombre es lo que cuenta, y el éxito económico es altamente valorado cuando es producto del esfuerzo honesto y persistente.

En síntesis, no pueden entenderse la presencia vasca en el Oeste bonaerense y los movimientos inmigratorios que hacia allí convergieron, sin buscar las raíces históricas del Descubrimiento y la Conquista de América y el Río de la Plata, a lo que debe sumarse el proceso secular de la conquista de las pampas, desde la época colonial hasta el gobierno patrio, la emancipación y la independencia, la lucha contra el indio, la organización nacional, y las crisis históricas que impulsan a los vascos a acentuar el constante fluir de ese pueblo hacia la venturosa Argentina.

F I N

Buuenos Aires, 12 de abril de 1997.


NOTAS:

(1) Godofredo Daireaux, "Los Milagros de la Argentina", Buenos Aires, 1945; Pgina 22.

(2) "Gernikako Arbola", por Enrique García Velloso, versión en euskera de Domingo Jaca Cortejarena, ed. Ekin. Buenos Aires, 1963;Pgs.8/9, 54 y 105.

(3) "Historia de las Aguadas y el Molino", por Noel H. Sbarra, La Plata, 1961; pginas 90/95.

(4) "Estampas Vascas", por Constantino del Esla, Buenos Aires, 1945 (ed. Ekin); pginas 94 y 105

(5) Buenos Aires, 1919, "Derecho de Gentes Argentino", Pg. 318.

(6) "Los Vascos en el Uruguay", por Tomás Otaegui, Buenos Aires, 1943, pg.16.

(7) "Pedro Mari Otaño'ren Bertsoak, Zarautz'en, 1959, Itxaropena Argitaldaria.

(8) Boletín del Instituto Americano de Estudios Vascos, N.87, pgs. 163 y siguientes.

(9) "Les Basques dans 1'Ouest Americain",por Adrien Gachiteguy, Burdeos, Francia, 1955.

(1O) "Historia de los Saladeros Argentinos", por Alfredo J. Montoya, Buenos Aires, 1970.

(11) "Historia del Alambrado en la Argentina", por Noel H. Sbarra, Buenos Aires, 1964.